Sobretodo recordaba los días en que todo un hospital junto con nosotros luchaba contra el hijo de puta del cáncer que pretendía llevarse a mi madre y que al final venció. Esos días en que pruebas, tecnología y sobre todo personal especializado se volcaron en la lucha sin preguntarnos o pedirnos explicación alguna, sin escatimar en medios técnicos o en personal.
Al llegar era solo un grupo, numeroso si, pero no grande que intentaba de uno en uno dar la vuelta al hospital Severo Ochoa de Leganés. Mientras sacaba unas fotos y nos poníamos en la fila para intentar abrazarlo, vimos llegar más vecinos y ciudadanos como nosotros y entonces sucedió algo que creo nadie imaginaba.
Había tanta gente, tantos vecinos y vecinas que no solamente se pudo dar un abrazo a nuestro hospital, sino que pudimos recorrerlo en cadenas humanas hacia uno y otro lado en tres círculos a su alrededor. Eramos tantos que salimos a la carretera y a modo de manifestación espontánea, recorrimos la carretera y calles alrededor del centro. Sencíllamente impresionante.
El sol y el blanco de las batas y los uniformes del personal sanitario brillaban como nunca y la emoción y satisfacción de luchar juntos por nuestro hospital colmó de alegría a los que participabamos, renovando las fuerzas para continuar, para seguir luchando por la SANIDAD PÚBLICA y por NUESTRO HOSPITAL.
Si hoy diera de nuevo nombre a nuestro hospital Universitario Severo Ochoa de Leganés, le pondría central, "Hospital Central" por su ubicación, porque siempre estará en nuestro pecho, en el centro,... en el corazón.
Otros enlaces: Me pongo en su piel
