Nunca digas mi nombre

By Fco. Cecilia - viernes, julio 29, 2022

Antes de seguir, tengo que decirte que el siguiente texto es la segunda entrega del relato "Nunca digas mi nombre" de Luis González Carrillo, escrito a partir de las fotografías que le envié durante mis "20 días en Cuba". Si no lo has hecho ya, lee antes de seguir la primera parte en el siguiente enlace:    "Cuba seduce".



Cuba Abuelohara Fotografia


Continuación:

NUNCA DIGAS MI NOMBRE   (Luis González Carrillo)


Capítulo 4

Con el cuerpo aún revuelto el comisario Conde cogió del brazo al sargento Cecilia, se fueron alejando de la escena del crimen y caminaron hacia la comisaría central.  

No habían tomado nada desde el desayuno así que pararon en un puesto callejero y pidieron dos cucuruchos con pescadito frito y frijoles con la intención de saciar el hambre y asentar el estómago.  

Conde le confesó a Cecilia que un confidente les había asegurado que habían visto salir a Amelie del último garito de moda de la Habana, el 663 un bar coctelería con una terraza en el último piso desde donde se podía ver todo el paseo marítimo. La vieron del brazo de un gallego, un español, joven y apuesto, alto, con el pelo negro y una camisa de lino color albero.  

En la comisaría ya era conocido, un empresario que se había enriquecido en la isla aprovechando la apertura del régimen a todo lo relacionado con el turismo internacional, los escrúpulos los había dejado en España. Cecilia conocía a esos tipos, buitres con fondos muy negros. También conocían su debilidad por las mujeres vulnerables, y Amelie sin duda lo era.  

Había comenzado la caza. 

Viaje Abuelohara Fotografia 



Capítulo 5


El sargento Cecilia, desayunaba tranquilo bajo la terraza cubierta del jardín del hotel, sus compañeros de viaje aún no habían bajado de las habitaciones, era, con diferencia, el más madrugador. 

 

El día había levantado cubierto y amenazaba lluvia, no la lluvia tropical vespertina, más bien pareciera chirimiri asturiano. El comisario le había filtrado el nombre del sospechoso, Luis Alfredo Madina Caragrande, que, como ya sabía, era español, de Madrid, e hijo de la aristocracia y con una jeta más grande que su apellido.  

 

En España tenía varias causas abiertas por corrupción en la contratación pública, pero el asesinato de una joven cubana era otro cantar. En su hotel, el del tal Madina, no daban referencias de él desde el día anterior, su habitación había sido abandonada con gran parte de su equipaje. 

 

Estaba en busca y captura. 

 

La autopsia de la joven Amelie no reveló nada nuevo, murió por estrangulamiento. En sus ropas se hallaron pelos supuestamente de la cabellera engominada del sospechoso así como restos entre sus uñas de la camisa de lino. También supieron, por los vecinos, que hacia la medianoche se oyeron gritos de mujer que salían del callejón que se fueron apagando en un lamento final. 

 

Paco llamó a Madrid para hablar con un amigo de la UCO, la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil, los especialistas en los grandes y graves delitos, sospechaba que en el pasado de Luis Alfredo había delitos más graves que los tejemanejes con la administración. 

 

Desde luego la exposición fotográfica que montaría al volver a casa, pensaba nuestro sargento jubilado, tendría un significado que los no iniciados nunca podrían captar.

 

Viaje Cuba Fotografia Abuelohara

 

Capítulo 6 


La conoció en la comisaría, era sargento como él, y la mano derecha del comisario. 

 

La Flaca llevaba veinte años en el cuerpo de policía y había llegado después de opositar y abandonar una incipiente carrera como cantante y bailarina. 

 

Seguía siendo, veintiséis años después, la tremendísima mulata que le cantó un amor intenso y fugaz con un cantante español, Pau, del que guardaba un cariñoso recuerdo. 

 

Paco y ella ya habían quedado alguna que otra vez pero hoy estaban cenando en el restaurante del hotel. El policía le contó cómo fue el final del cantante catalán, la lección de dignidad que dio en su despedida, el regalo que nos hizo con su última canción y con una camiseta que nos recordaba algo que olvidamos constantemente “Vivir es lo urgente”. La Flaca reconoció que aún no había podido ver, no estaba preparada, el documental con la entrevista que le hicieron poco antes de morir. 

 

Nuestro sargento cogió la mano de la hermosa mujer que tenía enfrente y la besó con suma delicadeza, ella agradeció el gesto de consuelo y, rápidamente, le sonrió y empezó a preguntarle por cosas de su vida y sus aficiones, indagó hasta comprobar que estaba solo, es decir, que no tenía pareja, y en ese momento supo que aquella noche sería larga. 

 

Subieron a la habitación y sólo sabemos que los dos se desnudaron y se amaron con la pausa y madurez que dan los años pero también, y precisamente por lo mismo, sin demasiadas demoras. Paco, como Pau nunca olvidará sus caricias, tampoco olvidará sus besos y daría lo que fuera por otro más, aunque solo uno fuera... 


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