Las flores de Punitaqui (Pablo Neruda)

Las flores de Punitaqui-Pablo Neruda
Punitaqui es una comuna chilena en la provincia de Limarí, en la región de Coquimbo. Un asentamiento en el que unos cuantos de miles de chilenos decidieron hace años hacer patria al tiempo que vivir y luchar contra las catástrofes, las sequías y los terremotos.

Algo ha de esconder, algo ha de tener de bueno para merecer las palabras de Pablo Neruda, un poema "Las flores de Punitaqui", que aquí os dejo acompañado de alguna fotografía.
Poema y fotografía, el primero seguro, la segunda también espero que os guste.



LAS FLORES DE PUNITAQUI   (Pablo Neruda)


ERA dura la patria allí como antes. 
Era una sal perdida el oro, era
un pez enrojecido y en el terrón colérico 
su pequeño minuto triturado 
nacía, iba naciendo de las uñas sangrientas.

Entre el alba como un almendro frío, 
bajo los dientes de las cordilleras, 
el corazón perfora su agujero, 
rastrea, toca, sufre, sube y a la altura 
más esencial, más planetaria, llega 
con camiseta rota.

Hermano de corazón quemado, 
junta en mi mano esta jornada, 
y bajemos una vez más a las capas dormidas 
en que tu mano como una tenaza 
agarró el oro vivo que quería volar 
aún más profundo, aún más abajo, aún.

Y allí con unas flores
las mujeres de allí, las chilenas de arriba, 
las minerales hijas de la mina, 
un ramo entre mis manos, unas flores 
de Punitaqui, unas rojas flores, 
geranios, flores pobres
de aquella tierra dura, 
depositaron en mis manos como
si hubieran sido halladas en la mina más honda, 
si aquellas flores hijas de agua roja 
volvieran desde el fondo sepultado del hombre.

Tomé sus manos y sus flores, tierra 
despedazada y mineral, perfume 
de pétalos profundos y dolores. 
Supe al mirarlas de dónde vinieron 
hasta la soledad dura del oro, 
me mostraron como gotas de sangre 
las vidas derramadas.

Eran en su pobreza
la fortaleza florecida, el ramo 
de la ternura y su metal remoto.

Flores de Punitaqui, arterias, vidas, junto 
a mi cama, en la noche, vuestro aroma 
se levanta y me guía por los más subterráneos 
corredores del duelo, 
por la altura picada, por la nieve, y aun 
por las raíces donde sólo las lágrimas alcanzan.

Flores, flores de altura, 
flores de mina y piedra, flores 
de Punitaqui, hijas
del amargo subsuelo: en mí, nunca olvidadas, 
quedasteis vivas, construyendo
la pureza inmortal, una corola 
de piedra que no muere.

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