A mi tía Tere

Tia Tere y mama
Como en un suspiro se ha ido. Se ha marchado en silencio, del mismo modo en que vivió, en un día triste y lluvioso, desagradable, como la propia muerte.

Se ha ido sin levantar la voz, sin molestar a nadie, sin perder la sonrisa y las buenas palabras. Ella siempre pensó en los demás, los que se fueron y los que aún por aquí andamos.

Siempre me llamaba "Paquito", sin tener en cuenta los años, como si el tiempo se hubiera detenido cuando jugaba de pequeño en el patio de la casa. Siempre me sentí de algún modo protegido por ella.

Estos días ya andaba pendiente del menú de la nochebuena. Pensando en volver a vernos un año más y llenarnos la tripa con su buena cocina y el corazón con sus mimos y caricias. No hemos tenido tiempo esta vez, solo espero que mi tía Tere supiera que la queremos y que nunca nos olvidaremos de ella. La vida y el tiempo no cesan y tarde o temprano cenaremos juntos de nuevo.

Ya está con mamá, las dos luciendo sonrisa y brillando fuerte allá arriba, como dos enormes y preciosas estrellas alumbrando nuestro oscuro camino. Siempre he pensado que desde allí lejos me pueden oír.

No hay modo en que la muerte no duela. No hay manera de pasar de puntillas a su lado. Este año, esta noche y muchas otras cuando cenemos, el nudo en el pecho será mayor, ahora también por ella. Están juntas, también ella que aunque descansa en el mar desde hace un tiempo, estará esperando para abrazarla junto a su hermana allí a lo lejos y aquí, en nuestro corazón y recuerdo. Te echaremos de menos.

Hasta siempre tía. Te queremos.

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