Tres mensajes y un poema desde el techo del mundo.

Nepal_Abuelohara
Por cuestión personal y de creencias me permito no compartir con Benedetti la frase que dice "dejar en manos de Dios" algunas cuestiones. Por lo demás, creo que este texto refleja bien aquello que considero sobre la gente que me gusta.

Añadiría algo más zalamero, algo más mimoso, algo que normalmente me dicen quienes me conocen. Es que me encanta querer y que me quieran, amar y que me amen. Me gusta rozar y que me rocen, tocar, acariciar y besar porque siempre ando a la conquista de la felicidad y sin la sonrisa de los demás falta cuerda para coronar la cima en la escalada de mi vida.

Salgo de viaje, al techo del mundo, 21 días a Nepal y cuando más cerca este del cielo, sin la necesidad de satélites y compañías telefónicas, tengo algunos mensajes que enviar a lo más alto donde sin duda están. Mensajes de corazón a corazón. 

El primero para las mujeres que han supuesto lo más grande de mi vida en el pasado y suponen un recuerdo constante y necesario que no olvido. Un abrazo y un beso enorme a mi mamá y su inquebrantable sonrisa que intento imitar cada día; otro para quien fue mi esposa y madre de mis hijos, inolvidable. Ambas vidas arrebatadas por el cáncer.

Un segundo mensaje, esta vez desde el presente, para mis hijos Sara y Alejandro que ocupan mi corazón, mis preocupaciones y sueños en el presente, y a los que deseo lo mejor en el futuro con una vida inmensa de felicidad desde cualquier lugar donde decidan estar y en lo que deseen emprender. A mi padre, ejemplo de solidaridad y tolerancia para ejemplo de todos. A mi hermano, continuo soñador descontento. Y a la familia que compartieron conmigo años de infancia y juventud.

El tercero y no menos importante es para ti. Tú también estas en mi lista, en el renglón del amor, grabado en el corazón, en los primeros recuerdos al despertar y al repasar el día antes de cerrar los ojos. Renglones para ti a quien amo, y para quienes quiero, aquellos y aquellas con quienes deseo vivir un amor de futuro y subir la escalera abrazado a ellos como pasamanos.

La gente que ame, la gente que amo. La gente que me gusta. Esos por quienes sin dudarlo, lucharía hasta perder la vida. "Tres mensajes desde el techo del mundo" en uno de los grandes viajes de mi vida. 21 días en Nepal. El poema, del grande Mario Benedetti.



La gente que me gusta

Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace. La gente que cultiva sus sueños hasta que esos sueños se apoderan de su propia realidad. Me gusta la gente con capacidad para asumir las consecuencias de sus acciones, la gente que arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien se permite huir de los consejos sensatos dejando las soluciones en manos de nuestro padre Dios.

Me gusta la gente que es justa con su gente y consigo misma, la gente que agradece el nuevo día, las cosas buenas que existen en su vida, que vive cada hora con buen ánimo dando lo mejor de sí, agradecido de estar vivo, de poder regalar sonrisas, de ofrecer sus manos y ayudar generosamente sin esperar nada a cambio.

Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente, pero sin lastimarme ni herirme.
La gente que tiene tacto.

Me gusta la gente que posee sentido de la justicia.

A estos los llamo mis amigos.

Me gusta la gente que sabe la importancia de la alegría y la predica. La gente que mediante bromas nos enseña a concebir la vida con humor.

La gente que nunca deja de ser aniñada.

Me gusta la gente que con su energía, contagia.

Me gusta la gente sincera y franca, capaz de oponerse con argumentos razonables a las decisiones de cualquiera.

Me gusta la gente fiel y persistente, que no desfallece cuando de alcanzar objetivos e ideas se trata.

Me gusta la gente de criterio, la que no se avergüenza en reconocer que se equivocó o que no sabe algo. La gente que, al aceptar sus errores, se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos.

La gente que lucha contra adversidades.

Me gusta la gente que busca soluciones.

Me gusta la gente que piensa y medita internamente. La gente que valora a sus semejantes no por un estereotipo social ni cómo lucen. La gente que no juzga ni deja que otros juzguen.

Me gusta la gente que tiene personalidad.

Me gusta la gente capaz de entender que el mayor error del ser humano, es intentar sacarse de la cabeza aquello que no sale del corazón.

La sensibilidad, el coraje, la solidaridad, la bondad, el respeto, la tranquilidad, los valores, la alegría, la humildad, la fe, la felicidad, el tacto, la confianza, la esperanza, el agradecimiento, la sabiduría, los sueños, el arrepentimiento y el amor para los demás y propio son cosas fundamentales para llamarse GENTE.

Con gente como ésa, me comprometo para lo que sea por el resto de mi vida, ya que por tenerlos junto a mí, me doy por bien retribuido.


MARIO BENEDETTI

Nepal y el cuento de "La Vida"

Nepal_cuento_VidaUn hombre decidió pasar algunas semanas en un monasterio de Nepal. Cierta tarde entró en uno de los numerosos templos de la región y encontró a un monje sentado en el altar, sonriendo. 


Le preguntó por qué sonreía.
  • "Porque entiendo el significado de los plátanos", fue su respuesta.
Dicho esto, abrió la bolsa que llevaba, extrayendo de ella un plátano podrido.
  • "Esta es la vida que pasó y no fue aprovechada en el momento adecuado; ahora es demasiado tarde."
Seguidamente, sacó de la bolsa un plátano aún verde, lo mostró y volvió a guardarlo.
  • "Esta es la vida que aún no sucedió, es necesario esperar el momento adecuado."
Finalmente tomó un plátano maduro, lo peló y lo compartió con él.
  • "Esta es la vida en el momento presente. Aliméntate con ella y vívela sin miedos y sin culpas."

Este texto es solo un cuento, pero viene al caso. Es el día y hoy comienzo un gran viaje, por fuera y por dentro. Un proyecto, un reto, una aventura y un sueño. Un año después del terremoto de Nepal, quiero pisar ese país, ver de cerca su recuperación y si es posible continuar el proyecto "Nepal, te vamos a ayudar".

Dicen que Nepal, es un país para perderse y otros que lo es para encontrarse. Quizá ambos tengan razón y espero comprobarlo, tener tiempo para conocer su cultura, sus costumbres y sus gentes.


Seguro que disfrutaré con su espectacular patrimonio, el que aún se mantiene en pie y con el privilegio de colaborar con la recuperación de la Escuela y las sonrisas de esos preciosos niños y niñas, gracias a las aportaciones de mis amigos y amigas.
Nepal y el cuento de la vida
Quiero acercarme al techo del mundo y enviar desde allí arriba un beso enorme a las personas que han formado parte indispensable e importante de mi pasado y ya he perdido. 

Quiero caminar por sus senderos, junto a los Annapurna. Con los recuerdos de la gente que quiero, mis hijos, mi padre y hermano y de ti, de vosotros que formáis parte importante de mi presente y seguro que de mi futuro. 

Deseo cargar la mochila de sensaciones, de recuerdos, de felicidad, de sonrisas, de vida y guardar miles de sentimientos para el regreso. Cultura, turismo, solidaridad, trekking y fotografía. Toda una aventura, un sueño por vivir y como dice el cuento: un plátano maduro que pelar y compartir...., es la vida en el presente.

Cuando este artículo se publique estaré volando hacia Katmandú, a 8.000 km. Una distancia que evitará los abrazos y besos, pero nunca los recuerdos y sentimientos.

Comienzan mis "21 días en Nepal" y tú viajas conmigo.


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